Aunque no soy un apasionado de leer las opiniones de otros músicos sobre la música en sí, siempre me ha llamado la atención un cómputo de sabias frases que, como sentencias, caen cual mazo sobre mi conciencia musical. De ahí que me decida a inaugurar un nuevo apartado del blog en el cual quedarán recogidas y comentadas una a una, las Citas relacionadas con la guitarra más destacadas que vaya recordando de las que he leído o escuchado, o que vaya encontrando en internet. Espero que encontréis buenos consejos en estas citas. Yo lo he hecho.

Y como primer post de esta nueva sección, me gustaría citar una perla del maestro guitarrista Paco de Lucía, la cual supongo que fue recogida de alguna entrevista concedida por el andaluz a algún medio de comunicación (desconozco si ha sido a un medio escrito o a uno audiovisual, así que no citaré la fuente de procedencia):

Desde luego, no puede negarse que es una gran verdad... Y ciertamente podría aplicársele a cualquier guitarrista, ya sea novel o experimentado, puesto que en el caso de los noveles, siempre se cae en la equivocada tendencia de creer que el instrumento empieza a ser dominado cuando se va progresando en conocimientos, pero éso no es más que un "exceso de ego" (lo pongo entre comillas, porque no pretende tener mala intención, no me toméis por sarcástico cuando no lo soy), ya que la guitarra es un instrumento que tiene demasiados "secretos" que a día de hoy aún no han sido descubiertos por nadie y siempre que creas que vas aumentando en capacidad, sólo surgiran nuevos problemas y mayores dificultades a las ya existentes (y que creías solventadas), lo que implica un nuevo reto que asumir.

Por otra parte, los experimentados ya no caen en ese "ego" del principiante, pero suelen (remarco el "suelen", porque no sucede en todos los casos) experimentar un exceso de confianza basándose en su mayor experiencia con el instrumento para alardear de sus conocimientos sobre la materia, lo cual en una gran mayoría de los casos, se emplea con la mera intención de ridiculizar a aquel que tenga menor destreza interpretativa o simplemente, de alimentar el amor propio del que la dice.